La ciencia a lo largo de su historia, se ha visto envuelta en situaciones curiosas por sus mayores exponentes, los científicos, que en el afán de dejar un legado para la historia, realizan estudios en diferentes disciplinas para probar sus hipótesis… Algunos dejan divertidas anécdotas de sus experimentos y postulados, otros hacen descubrimientos que más impresionante que el descubrimiento en sí, es la forma en que se llegó a estas observaciones.
Otros dejan para la historia postulados erróneos recordándonos que estos postulados son parte del hacer ciencia al tratar de corroborarlos y un último grupo nos dejan engaños que quedan para el recuerdo de que un científico no es el que publica más si no el que aplica el método científico ante una observación. 

Anéctotas 

– En unas de las ocasiones que coincidieron  Marilyn Monroe y Albert Einstein, la actriz se dirigió al físico y le propuso jocosamente: “¡No  opina, profesor, que deberíamos tener un hijo juntos; así el niño tendría mi apariencia y su inteligencia!” A lo que Einstein respondió: “Lo que me preocupa, querida señorita, es que el experimento ocurra al revés.”

– El Comité Nobel rechazó la candidatura del psicoanalista Sigmund Freud con la reflexión de que “es insufrible y tiene una mente tan enferma como sus pacientes”.

– En el siglo XVI, el anatomista belga Andrés Vesalio ilustró con dibujos fantásticos su libro de anatomía Sobre la estructura del cuerpo humano gracias a que robó el cadáver de un criminal que había sido ahorcado en Lavinia.

– Cuentan sus amigos que el matemático P.G. Lejeune Dirichlet  (1805-1859) no era muy amigo de escribir cartas. Hizo una excepción cuando nació su primer  hijo. Dirichlet  mando un telegrama a su suegro con el siguiente mensaje: 1 + 1 = 3.

Sigmund Freud

– En los años 30, un entrevistador comentó al astrónomo y físico Arthur Eddington (1882 – 1944) lo siguiente: “He oído que usted es una de las tres personas en el mundo que entiende la teoría de la relatividad en general”. Al oír esto, Eddington puso cara de sorpresa. Cuando el entrevistador le preguntó la razón de su extrañeza, el físico inglés respondió: “Estoy tratando de pensar quién puede ser la tercera persona”.

– Esta historia ocurrió en una sesión de la Academia de las Ciencias Rusa. El agrónomo  Denisovich Lysenko (1898 – 1976), fundador del llamado darwinismo creativo. daba una conferencia sobre la herencia de los rasgos adquiridos. Al concluir, el físico Lev Landau le preguntó: – ¿Así pues, usted argumenta que si cortamos una oreja, a su desendencia y así sucesivamente, tarde o temprano nacerán vacas desorejadas? – Si es correcto. respondió – Entonces señor Lysenko, ¿cómo me explica que sigan naciendo vírgenes?.

– En la junta de  la Sociedad Británica de Oxford que se celebró en 1860, el obispo anglicano Samuel Wilberforce, contrario a la teoría evolutiva, se dirigió a Thomas Huxley y le preguntó: “¿Pretende Darwin descender de un mono por línea de su abuelo o de su abuela?” Huxley musitó a la persona  que tenía a su lado: “El Señor me lo ha puesto en las manos”. Dicho esto el naturalista se levantó y tomó la palabra: “Si lo que me pregunta es si opto por abuelo entre un miserable mono y un hombre tan altamente dotado por la naturaleza, poseedor de grandes recursos e influencia, pero que, sin embargo, emplea esas facultades y esa autoridad con el mero propósito de introducir el ridículo en una importante discusión científica, proclamo sin vacilar mi preferencia hacia el mono”.

Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadounidense. Al final de su vida, un periodista le preguntó qué posibles repercusiones habían tenido sobre su vida fama estos cambios. El físico dio la siguiente respuesta: “Si mis teorías hubieran resultado falsas, los estadounidenses dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío”.

Albert Einstein

Justus von Liebig (1803) – 1873) fue abordado por uno de sus ayudantes que, excitado, le informaba que había descubierto un solvente universal. El químico le preguntó: – ¿Y qué es un solvente universal? – Uno que disuelve todas las sustancias, profesor. – ¡Entonces, dónde va a guardar dicho solvente!

– En el segundo año de Medicina, Santiago Ramón y Cajal (1852 – 1934) consiguó una plaza como ayudante de disección. Estaba oficialmente encargado de las preparaciones anatómicas, tarea que realizaba con esmero. Es por ello por lo que el catedrático Manuel Daina le animó a que presentara al premio de final del curso. Cajal obtuvo el galardón con una exquisita y milimétrica preparación del anillo inguinal. Tras el acto , Nicolás Montells, profesor de Patología Quirúrgica, se dirigió al premiado y con gesto iracundo le dijo: – Conste que a mí no me la pega usted ¡Esto está copiado! Cajal estalló en cólera y decepcionado ante el incidente, decidió no volver a presentarse a este tipo de certámenes.

– En una conferencia que Einstein dió en el Colegio de Francia, el escritor francés Paul Valéry le preguntó: – Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿la anota en un cuaderno o en una hoja suelta? – Cuando tengo una idea original no se me olvida – respondió el físico.

– Mientras investigaba los cálculos renales, Johann Friedrich Adolf von Baeyer (1835 – 1917) descubrió un ácido con propiedades sedantes e hipnóticas. El químico alemán llamó a esta sustancia barbitúrico, en honor a Bárbara, la novia que tenía en aquella época.

– El químico alemán Robert Whilhem Bunsen (1811 – 1899), inventor del conocido mechero de gas que lleva su nombre, nunca se casó. Dicen las malas lenguas que la razón de su soltería estaba en el hedor que desprendían los productos con los que trabajaba. Los malos olores siempre lo acompañaban en la ropa y el pelo.

Robert Wilhem Bunsen

–  Robert Wilhem Bunsen también tenía fama de no acordarse nunca de los nombres de las personas. En una ocasión, recibió una visita de un colega químico para tratar unos asuntos científico. Incapaz de acordarse del nombre del interlocutor, Bunsen dudaba entre dos de ellos: Streker y Kekulé. Al término de la reunión, el químico se decidió por uno de los dos nombres que tenía en mente y dijo: – No se imagina usted que durante un momento creía que usted era Streker.  Yo soy Streker – respondió perplejo el invitado.

André Marie Ampère era un hombre tan ensimismado en sus asuntos matemáticos que durante una reunión del Colegio de Francia mantuvo una charla con Napoleón confundiéndole con otra persona.

– Conocedora de su cabeza despistada, la mujer del matemático estadounidense Norbert Wiener (1894 – 1964) siempre recordaba a su esposo antes de ir al trabajo la inminente mudanza de casa: “Norbert, no olvides que dentro de treinta días nos cambiamos de casa y que cuando salgas de la universidad, no tendrás que tomar el mismo autobús, sino el que va a la zona de nuestra nueva residencia”. Wiener siempre respondía: “Sí, querida”. Y así llegó el día de la mudanza. El traslado se hizo mientras él estaba en la universidad. Como era de esperar, a la vuelta Norbert tomó el autobús de siempre. Al llegar a su antigua morada, recordó que ya no vivía en aquel lugar. Como no sabía ir desde allí a su nueva casa, agarró de nuevo el autobús que lo llevaba todos los días a la universidad y esperó a que pasara el que se dirigía a su nuevo lugar de residencia. Al bajar, se encontró con un gran número de casas tan iguales que le era imposible reconocer la suya. Empezó a dar vueltas y vueltas hasta que, perdido y al borde del pánico, se acercó a una niña que iba por la calle y le dijo: – Perdona, ¿no sabrás dónde viven los Wiener? – Sí papá. ¡Ven te llevo a casa! – replicó la pequeña.

Andrè Marie Ampère

– En cierta ocasión, el matrimonio Ampère dio una fiesta en casa. Cuando aún estaban en los preparativos, la esposa se acercó a su marido y le dijo: “Cámbiate la corbata y ponte la que hace juego con la camisa”. Ampère subió al dormitorio. Después de una hora, con la fiesta en su apogeo, aún no había bajado. La mujer, preocupada, se acercó al dormitorio para ver lo que pasaba. Al abrir la puerta se encontró con su esposo durmiendo plácidamente en la cama con la piyama puesta. El olvidadizo matemático se excusó argumentando que se quitó la corbata y como tenía la cabeza en el análisis de la circulación de la corriente eléctrica, siguió desnudándose, se puso la piyama y se acostó sin más.

– Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el trascurso de la conversación, Einstein elogió a Charlot del siguiente modo: – Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo lo comprende y lo admira. A lo que Chaplin replicó: -Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende.

Aquellos descubrimientos… 

– En 1976, el doctor Edward Jenner vacunó a un niño de ocho años, James Phipps, con  viruela de la vaca y seis semanas después, con la viruela humana: el niño quedó inmune . El médico inglés no descubrió la vacuna como resultado de un largo trabajo de laboratorio. Cuando tenía 19 años, una ordeñadora le comentó  que jamás podría padecer la viruela porque había tenido la vaccinia o viruela bovina (cowpox, en inglés). También llegó a sus oídos que en 1744 un granjero incoculó a su esposa e hijos con la pus de una pústula de la enfermedad bovina, utilizando una aguja. Tras graduarse como médico, Jenner se dedicó a observar a los granjeros y ordeñadoras, lo que le permitió dar con la vacuna contra la viruela, la peste del siglo XVIII.

– El caucho fue descubierto en 1615 por el español Herrera Tordesillas, tras contemplar a unos indios de Haití que jugaban con unas pelotas hechas con la savia de un árbol. Pero el material no despertó en Europa un gran interés industrial: se volvía blando y pegajoso en los días de calor y se desmenuzaba con el frío. En un intento de mejorar su calidad, el pequeño industrial estadounidense Charles Goodyear, que no era químico, lo mezcló con azufre, pero resultó en vano. En enero de 1839, su torpeza le fue de gran ayuda, al volcar sobre la estufa un recipiente en el que había mezclado látex, azufre y blanco de cerusa. Cuando la mezcla se enfrió, Goodyear  se dio cuenta de que había adquirido la solidez buscada sin perder la estabilidad. En 1844, patentó el caucho vulcanizado.

Friedrich August Kekulé von Stradonitz

El químico alemán Friedrich August Kekulé (1829 – 1896) invirtió varios años de su vida en determinar la estructura atómica del benceno. Ninguna disposición propuesta por sus colegas parecía explicar las propiedades del también llamado bicarburato de hidrógeno. En 1865, Kekulé viajaba en un carruaje y comenzó a dormitar. En sus sueños, vió átomos de carbono girando en una danza; de pronto, el extremo final de una cadena se abrazó con el extremo inicial y formó un anillo giratorio. De este modo, el alemán se despertó con el anillo bencénico completamente  dibujado en su mente.

-Siguiendo los pasos de su padre, el químico francés Bernard Courtois abrió una fábrica de salitre  -o sea, de nitrato  potásico- cerca de París. El componente potásico del salitre se producía a partir de la ceniza de la madera y el nitrato se obtenía de la materia vegetal en descomposición. Para abaratar la producción, Courtois empezó a utilizar algas marinas como fuente de potasio. La combustión de las algas producía un residuo fangoso que había que retirar periódicamente de los depósitos. Para su eliminación se usaba un ácido. Un día de 1881, al utilizar un ácido más potente de lo normal, aparecieron unos vapores de color violeta. Al entrar en contacto con la superficie fría y oscura del depósito se formaba unos depósitos de cristales de aspecto metálico. El galo se había topado con un nuevo elemento el yodo.

– Aunque su mujer le tenía totalmente prohibido realizar experimentos en casa, el químico alemán Christian F. Schönbein, que trabajaba en el mundo textil, aprovechó su ausencia para experimentar en la cocina con una mezcla de ácido sulfúrico y nítrico. El desobediente esposo derramó accidentalemente parte del ácido y para recogerlo, echó mano de lo primero que vio, el delantal de Frau  Schönbein. Tras enjuagarlo, lo puso a secar sobre la estufa. Cuando el delantal se secó, ardió de súbito, como si se tratara de un material altamente inflamable.  Schönbein había dado con la nitrocelulosa o algodón de pólvora, en 1846. Este fue el primer paso hacia la obtención de la dinamita por Alfred Nobel, en 1862.

– En 1774, un sacerdote llamado Joseph Priestley calentó óxido de mercurio dentro de un recipiente de vidrio incandescente, que produce un calor más intenso que cualquier llama utilizada por él, y generó un gas incoloro que hacia arder una vela con más brillo que en el aire. Un año después, tuvo la idea de averiguar si podía respirarse dicho gas y con tal fin colocó un ratón dentro de una campana de vidrio llena del extraño vapor. Priestley observó que el roedor vivía durante una media hora, en tanto que sólo se mantenía la vida 15 minutos cuando el animal se introducía en la misma campana llena de aire. El sacerdote acababa de descubrir el oxígeno.

– Debido a su delicada salud, René Descartes pasaba mucho tiempo acostado en la cama. En cierta ocasión viendo volar una mosca en el dormitorio, se le ocurrió que era posible determinar en cada instante la posición del insecto. Para ello bastaba conocer su distancia con respecto a dos superficies perpendiculares: la pared y el suelo. Excitado por la idea, Descartes dibujó en una hoja dos rectas perpendiculares; cualquier punto del plano quedaba determinado por sus distancias a los dos ejes. A estas distancias las llamó coordenadas del punto. Éstas permitieron al francés representar cualquier ecuación algebraica en forma de curva, mediante una ecuación. Así casó la geometría y el álgebra en lo que se llamó geometría analítica.

– En 1989, en la ciudad alemana de Estrasburgo, Alemania, mientras estudiaban la función del páncreas en la digestión, Joseph von Mering   y Oscar Minkowski extirparon la glándula a un perro. Más tarde, el animal orinó en el patio y un ayudante del  laboratorio llamó la atención de los investigadores tras observar un enjambre de moscas revoloteando sobre la orina del can. Al analizarla, encontraron que estaba cargada de glucosa, un signo común de la diabetes. Sin saberlo, von Mering y Minkowski habían provocado experimentalmente la también llamada enfermedad dulce en un animal.

– Parece ser que un día, observando distraídamente en la iglesia las oscilaciones de una lámpara colgada del techo, Galileo Galilei dedujo las leyes del movimiento pendular.

– La primera sustancia natural que se logró sintetizar fue la urea. A los 28 años de edad, el químico alemán Friederich Wöhler la obtuvo de pura chiripa en su laboratorio de Berlín en 1828. Wöhler quería sintetizar  cianato de amonio puro a partir de dos sales inorgánicas, el sulfato amónico y el cianato potásico. Tras calentar las dos sales juntas, evaporó el contenido de la solución con la esperanza de obtener cianato de amonio. No fue así; en su lugar aparecieron idénticos a la urea que en tantas ocasiones había aislado de la orina humana y canina.

– Poco después de que el mencionado Joseph Priestley descubriera el óxido nitroso, los científicos se percataron de que este gas no era tóxico, pero producía unos efectos insólitos cuando era inhalado: las personas se alteraban y se ponían a cantar, pelear y sobre todo reír. De ahí que fuera bautizado como gas hilarante. Este se puso de moda en las fiestas. El azar tomó cartas en este asunto en 1844

Fuente:

Revista Muy Interesante, Suplemento 9, ¡Qué Divertida es la Ciencia!, Septiembre del 2002